¡Volver a hablar!

      Querido Humberto:
      ¡Cuánto me gustaría volver a hablar con ella! La echo tanto de menos… Su comprensión, su amabilidad, su delicadeza. Su respeto, su no juzgar. Sus palabras cariñosas. Aquellos momentos tan especiales; sus enseñanzas. Hace ahora tanto tiempo que no hablamos.  
      ¿Sabes?, no es porque yo no quiera. Ni por un bloqueo emocional. Tampoco por falta de tiempo… no por exceso de trabajo, ni porque los niños me tengan especialmente atareado. Tampoco por los ratos de ocio que comparto con mis amigos. O por la lectura y otros pasatiempos. 
      Dejadez, ¿te preguntarás? No, tampoco es dejadez. Simplemente, es demasiado tarde ya: mi abuela está muerta; mi abuela murió siendo yo un chiquillo, incapaz, en la niñez, de imaginar que un día ya no estaría conmigo y que, entoces, entonces, nunca más podríamos hablar.
      Al menos, a ti, querido Humberto, por fortuna, a ti te puedo llamar. 

¡Por una vida apasionante! 
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Por el mismo autor: www.15habitos.com

¡Nos ponen a prueba!

Hay momentos en la vida en los que las circunstancias nos ponen a prueba.  En ocasiones, simultáneamente a toda la población. Y, con ello, a todo nuestro entorno, a todas las personas con las que nos relacionamos. Ponen a prueba  nuestros valores, nuestro carácter, nuestras cualidades humanas.

El momento actual es uno de ellos: exceso de información, incertidumbre, teorías de un tipo y del contrario, opiniones encontradas, argumentos opuestos, órdenes y contraórdenes, imposiciones legislativas, …

Se pone a prueba nuestra paciencia, la capacidad de escucha, los niveles de tolerancia, la capacidad de aguante. En definitiva, nuestras capacidades para seguir relacionándonos con los demás con absoluta naturalidad, con cordialidad, a pesar de las diferencias. También con los más cercanos: familiares, amigos, compañeros de trabajo.  

Es tiempo de apelar a los valores que facilitan la convivencia, cada uno con sus diferencias. Apelar al respeto, a la libertad de pensamiento y de expresión, a la libertad de actuación. Y, cómo no, a la aceptación. Aceptar que hay distintas opiniones, distintas perspectivas, distintas propuestas de afrontar un mismo desafío; múltiples intereses. Aceptar que no todo puede ser como a nosotros nos gustaría. Que los demás pueden estar en desacuerdo con nosotros, sea por lo que sea. 

Se pone también a prueba nuestra inteligencia, la capacidad crítica, la capacidad analítica, nuestra hambre de verdad; la defensa de la libertad.

Es tiempo de reflexionar. Ante tanta incertidumbre, ante tantas verdades a medias. Ante muchas mentiras; ¿manipulación? Momento de rescatar nuestros talentos: de  cuestionarnos los planteamientos que se dan por sentados. De acudir a otras fuentes, de investigar, de contrastar, de pedir aclaraciones. Tiempo de buscar la verdad.

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