¡Por Marta y los demás!

Recuerdos de la infancia junto al mar; alguien con quien jugar, alguien a quien abrazar.

Mañana de playa en Tabernes. Aparenta bandera verde. Ella a él: Luis, el chico se metió al agua y, por más que nada, no vuelve.

Arrebato, disgusto y llanto. Esto no es nada, comparado con lo que vendrá: dificultad tras dificultad.

Ansía un oasis de paz. No hay tal; como cada madre, tiene que luchar. Quizás, más. De vez en cuando, echa la vista atrás: recuerdos de la infancia junto al mar.

¡Felicidades, Marta! Y para todos, que disfrutéis un día muy feliz.  

Fotografía por gentileza de Taivas Bulud. Ver más

www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

 

¡Algo más por hacer!

Lo dice la ciencia psicológica: es una necesidad del ser humano ser amado.
Sobre todo, en sus primeros años, por los más allegados.

Los que somos profanos, nos preguntamos: ¿ser amado? ¿o bastará con sentirse amado?
Parece simple semántica, pero es una cuestión práctica.

Más que a la reflexión, te invito a la acción: ¿qué hacer para que se sientan amados aquellos a los que amas?

Tal vez, un pequeño detalle, casi insignificante, aunque muy gratificante:
un saludo, un abrazo, un ¡te quiero!, una pregunta, un minuto compartido, un reconocimiento, una sonrisa, un ¡lo siento!, un silencio, un beso, un ¡te espero!, un agradecimiento, un ¡me importas!, una dedicatoria, un escrito, un ¡yo lo hago!, un ¿qué te pasa?, una invitación, un ¡ahora mismo!, una llamada, una alabanza, un ¡claro que sí!

¡Que tengas una semana feliz!
www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

Zapatos rebeldes

Abrió la puerta y, al entrar en casa, sintió como si todo el cansancio de la semana se acumulara sobre su cuerpo. Era una tarde calurosa de viernes, de vacaciones para otros.

Llevaban poco tiempo casados y, todavía, quedaban pequeños ajustes para conseguir una convivencia totalmente armoniosa. También el salón necesitaba algún ajuste: demasiados huecos, todavía, por falta de mobiliario.

Se quitó la corbata y la chaqueta, que dejó encima del único sillón del salón. Después, los zapatos, a los que relegó a un rincón que, probablemente, sería ocupado por alguna maceta o lámpara de pie en los próximos días.

Enseguida, pasó a la cocina. Bebió agua fresca, encendió instintivamente la radio y escuchó las noticias de la hora en punto. Volvió al salón con intención de sentarse en el sillón, pero ya estaba ocupado por la chaqueta y la corbata que se le habían adelantado. Las recogió, las llevó al dormitorio y se cambió de ropa para salir a la calle en busca de su esposa, que estaba al llegar.

Sonó el despertador… ¡qué pronto había pasado el fin de semana! Estaba solo, su mujer tenía turno de noche. Se duchó, se afeitó y se vistió, ajustándose el nudo de la corbata que no necesitó hacer: sirvió el de la semana anterior. Se marchó sin desayunar porque el café no estaba preparado, ni el pan en el tostador, ni la mermelada sobre la mesa. 

Regresó al dormitorio, a calzarse los zapatos, pero encontró la caja vacía. Buscó en el baño, en otro armario, en el balcón. ¿Dónde se habrían metido?

Por fin, lo recordó: ¡el rincón del salón! Allí estaban: desafiantes, impertérritos, acumulando polvo, sin haber recobrado su brillo habitual.

¡Zapatos rebeldes! ¿Insumisión? ¿Cansancio? Tal vez, falta de alguna instrucción.

¡Feliz fin de semana!
www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

En honor a las víctimas

La vida les ha sido bruscamente arrebatada en Barcelona cuando menos lo esperaban. Como a otras muchas personas en otras partes del mundo.

Para los familiares de los asesinados y para las personas heridas y sus familias, la vida ya nunca será igual. Por ello, es para mí una obligación moral y un acto de compasión estar siempre con ellos, arroparlos en su sufrimiento, acompañarlos en estos difíciles momentos, y siempre.

Y en adelante, en su honor, en honor de las víctimas del terrorismo, mantener mi compromiso de hacer mi trabajo lo mejor posible, no importa cuál sea, y contribuir a hacer la vida a mi alrededor un poco mejor, con la confianza de que todos, todos, podemos hacer algo más; algo bello por los demás.

Gracias a los que en su trabajo diario velan por nuestra seguridad y se esfuerzan por hacerlo cada día mejor.

www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

Voy a liderar, no a seguir

Era una especie de afirmación que se nos pedía que repitiéramos una y otra vez en un seminario sobre motivación al que asistí hace muchos años: voy a liderar, no a seguir. Suena bien, ¿verdad?

En realidad, no sé cuánto he liderado desde entonces. Con toda seguridad, mucho menos de lo que he seguido. En los tiempos que corren, se nos invita a seguir a cualquiera, en todas partes, todo el tiempo, de cualquier modo: facebook, twitter, instagram, grupos de whatsapp y otros muchos.

¡Qué importante es elegir a quienes seguimos! ¿Has pensado alguna vez el tipo de cosas a las que estamos expuestos? ¿Qué impacto tienen en nosotros? ¿Cómo afectan a nuestro carácter, a nuestras acciones y a nuestra manera de vivir?

¡Selecciona bien a quien seguir! Elige lo que quieres recibir y establece tus propias reglas. Si no, ¡alguien lo hará por ti!

¡Que tengas una semana feliz!
www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

I will lead, not follow!

It was a kind of declaration I was asked to repeat time after time in a motivation seminar I attended many years ago: I will lead, not follow. It sounds well, doesn’t it?

I am not really aware of how much I have led since then. For sure, much less than what I have followed. At this current time, we are invited to follow anyone, everywhere, all the time, anyhow: facebook, twitter, instagram, whatsapp groups and many others.

How important it is to choose the ones we follow! Have you ever thought what kind of stuff are we exposed to? Which impact is having in us? How is it affecting our character, our actions, our way of living?

Be selective with whom you follow. Select what you want to receive and establish your own rules. Otherwise, someone will do it for you.

Have a nice week!

Un monocordio para el rey

El rey estaba triste, como en los cuentos de reinos de reyes, o más. Y, como suele ocurrir en esos cuentos que siempre terminan bien, ni sus mejores bufones eran capaces de cambiar su humor. Ni los suyos, ni los de los reinos vecinos.

No había pasado ningún flautista, como en Hamelín; tampoco la aguja de una rueca había pinchado a su hija, como a la bella durmiente. Ningún apuesto príncipe se había convertido en sapo… ¡nada de nada!

En realidad, todo. Todo lo tenía el rey, hasta el cariño fervoroso de sus súbditos.  

La hija del rey se preguntaba: ¿por qué? Y el hijo: ¿cómo es posible semejante abandono?

Sí, lo habían abandonado: las emociones, en no se sabe qué clase de extraño arrebato, se habían conjurado contra el rey, confinándolo a un terrible estado de anestesia. Ninguna emoción osaba relacionarse con el rey, al que la gente comenzaba a apodar el rey impasible. Algunos hasta decían que había que cambiarle un fusible.

Entristecidos, pero con esperanza, a los perseverantes hijos del rey se les ocurrió hacer lo que tantas veces habían leído en los cuentos de hadas: convocaron un concurso con la más atractiva de las recompensas para quien fuera capaz de al rey de su insensible estado sacar.

Así fue como desfilaron por palacio todo tipo de empresarios vanguardistas: del teatro, del circo, de la música, de la danza… todo el mundo de la farándula. ¡Hasta actividades outdoor, como el paintball!

Con gran ilusión, los hijos del rey descubrieron un incipiente despertar emocional de su amado padre. Era un comienzo esperanzador, aunque pasajero fuera el despertar y, por más tiempo, en su corazón las emociones necesitaran perdurar.

Tan grande fue la llamada de auxilio, que el mismísimo y legendario Filípides, el griego de Maratón, acudió a socorrer al rey anestesiado. Sencilla fue su recomendación: reír, correr y saltar. Todo fácil de ejecutar. Con su práctica, el rey comenzó a mejorar.

Pasaba el tiempo y los hijos del rey, en continua investigación, supieron de cierto alquimista que había tratado casos similares en reinos más alejados; lo buscaron y lo encontraron, no sin dificultad.

El alquimista, que parecía más evolucionado que el de Coelho, llegó al reino portando un arcón peculiar: el arcón de las esencias.

En días consecutivos y, en ocasiones, varias veces en el mismo día, el rey era llevado a una sala de palacio, de esas casi intrascendentes. Siempre a la misma. Allí, cada vez, el alquimista, con gran sencillez, poco a poco, de manera delicada, abría el arcón que, según el grado de apertura, liberaba una de sus esencias: jazmín, azahar, incienso, almizcle, lavanda, miel… humo ¡de barbacoa!, y, también, de salmón, ahumado.

Algo de mágico tenía el arcón porque, cada esencia era del gusto del rey y, en cada momento, una emoción acudía rauda al corazón del rey que, por su parte, renovado, muy animado, él ponía la escena. Y sus oídos, la banda sonora. Las emociones permanecían… hasta competían…

El semblante del rey lo delataba: el arcón de las esencias le gustaba.

Además de con el arcón mágico, el alquimista siempre viajaba con una lira a la que llamaba Spy-to-play.  Era una lira mágica, capaz de reproducir todas las melodías del mundo. Y de mucho más.

El rey, animado por las esencias, quiso tocar el arpa. De inmediato, una melodía salía. ¡Ah! Esa melodía, ¡qué recuerdos!, ¡qué emoción! Volvió a tocar… otra melodía, otra emoción. Y otra, y otra, y otra…¡qué facilidad!

Viendo la evolución del rey, el sabio alquimista pidió marcharse. Antes, regaló al rey un instrumento especial: un monocordio en miniatura, sincronizado con su lira mágica, spy-to-play. El monocordio era capaz de reproducir la melodía que el rey tuviera en su cabeza. Bastaba con imaginarla y, con suavidad, tocar su única cuerda. De inmediato, la melodía imaginada comenzaba a sonar… ¡qué emoción!

Los hijos del rey, sorprendidos, maravillados, tan agradecidos estaban al alquimista, que quisieron agasajarlo con todo tipo de viandas y regalos. Más no era el alquimista conquistable con los placeres de los sentidos y, para sorpresa de algunos, les sugirió hasta tres veces este relato leer.

Antes de marchar, el alquimista comunicó a la familia real que, para que el monocordio funcionara con precisión, se exigía cierta condición: que el rey quisiera hacer su reino, cada día, un poco mejor.

¡Feliz fin de semana!
www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

El reloj de pared

Despertó sumido en una calma inusual. Recordaba con nitidez un fragmento del sueño: paseaba al atardecer, por el parque de María Luisa, rememorando la última vez que había ido al cine. Sesión nocturna.

París, siglo XX: un bohemio artista, en busca de inspiración, navegaba por el Sena. Tranquilamente, sin más intención.

En la orilla opuesta del río, una gran mansión con sus ventanales abiertos de par en par: ¡Qué contraste! –piensa el joven artista.
Sí, esos ventanales contrastan, y mucho, con los ventanucos de su minúsculo apartamento con vistas a Montmartre.

Al fondo del salón, un majestuoso reloj de pared, imponente, espléndido, casi resplandeciente, le cautiva con su movimiento pendular: ¿será un anuncio de las experiencias que están por llegar?

Anochece. En el parque de María Luisa no es tiempo de estar ya. ¡Es hora de marchar!

¡Feliz fin de semana!
www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!

Déjame comenzar…

… diciendo te quiero.

Es de la canción Hello de Lionel Richie. ¿Recuerdas?
But let me start by saying I love you.

Además, es lo que quiero decirte hoy.
Me resulta muy fácil porque somos amigos.
¡Déjame ir más allá!

¿Qué pasaría si me dejara a mí mismo comenzar diciendo te quiero
… al hablar con mis hijos, con mis padres, con mis alumnos?
… al tratar con mis compañeros de trabajo?
… al cruzarme con mi vecino por el camino?
… al diagnosticar a mis pacientes?
… al servir a mis clientes?

¿Te lo puedes imaginar?
¡Quiero hacerlo realidad!

Comenzaré diciendo ¡te quiero!
En voz alta o para mis adentros.

¡Feliz semana!
www.vidaapasionante.com
¡vive, disfruta, comparte!