Cartas por Navidad

 

Querido don Alberto:

¡Qué reconfortante volvernos a encontrar!
Como antaño, ante un café humeante,
junto a un hogar de lumbre chispeante;
cara a cara, sobre la vida misma, charlar.

Sobre escribir, coincido con su apreciación:
se está perdiendo el género epistolar.
¿Quién osa, siquiera, una carta al año redactar?
Algunos, por Navidad; o en una esporádica vacación.

Se pregunta usted cómo se puede recuperar.
¡Ha irrumpido el wasap!
Para, como dicen, responder asap.
Y digo yo, ¿a quién le va a interesar?

Que por mí no quede, ¡me sirve usted de acicate!
Con alegría, antes de al nuevo año recibir, 
entre 20 y 30 epístolas me comprometo a escribir.
¡Adiós al bricolaje! Tomo la pluma y dejo el alicate.

Ayúdeme, mi querido amigo, por compasión. 
Envíeme la dirección de cualquier conocido,
no vaya a ser que alguno me deje, por olvido.
Y asuma que ha sido con intención.

Reitero, don Alberto, mi agradecimiento.
Por su llamada, el encuentro y su gran amistad.  
Le mando un fuerte abrazo, cargado de sentimiento,
y mis mejores deseos para esta Navidad.   

Roberto.

P.D.: Mande aquí las direcciones postales:
cartaspornavidad@vidaapasionante.com,
que para esto no se requieren conversaciones adicionales, 
y me hace usted un gran favor.

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Leche y miel

Leche y miel. Seguro que esta combinación te resulta familiar, ¿verdad que sí? Es el remedio tradicional para el dolor de garganta y otras dolencias similares; la recomendación de nuestras abuelas, de nuestras madres, de cualquiera que nos quisiera bien.

Leche y miel es también la combinación que, por primera vez, conocí de la mano de Eric Fromm en su obra El arte de amar. Fue en forma de metáfora, para ilustrar el papel de la madre y, por extensión, del padre en la crianza de los hijos. Fromm argumenta que todos somos capaces de aportar la leche, es decir, el alimento. Y, de forma más general, las necesidades básicas, sin demasiado esfuerzo.

Por el contrario, para proporcionar la miel, padre y madre deben poner algo más de su parte. Para muchos, aportar miel es algo que les sale de forma natural. Por su personalidad, por su vivencia en la familia de origen, por su educación… Otros, en cambio, tenemos que hacer un esfuerzo consciente y, casi, tenemos que construir un plan para procurar la miel, para darla en las dosis adecuadas, en el momento adecuado. ¿Dosis adecuadas?, ¿momento adecuado? Eso, ¿según quién?, ¿de acuerdo a qué criterio? Es obvio cuál, ¿no te parece?

Ante la duda, quizá, el plan sea proporcionarla de manera continua. En cualquier caso, procurar la miel requiere de acciones concretas:  gestos, miradas, caricias, comentarios. Requiere de tiempo para la observación, para la escucha, para compartir en silencio, para sorprendernos, para admirar, para callar, para alentar, para, simplemente, decirlo: TE QUIERO.

Leche y miel. Fácil de entender. Seguro, algo queda por hacer. 

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