¿A quién esperas tú?

  • Suena el despertador, quiere seguir en la cama un poco más…
    Por fin, se levanta con alegría;
    A Marta, sus clientes la esperan.
  • Siente miedo, todavía le causa ansiedad impartir charlas…
    Respira profundo y, con determinación, se pone frente al atril.
    A Esperanza, los alumnos la esperan.
  • Salió de clase antes de tiempo; se saltó la última…
    Corre, con emoción, calle arriba;
    A Jaime, su novia lo espera.
  • Está agotada, ha sido una jornada larga de trabajo…
    Quiere volver a casa cuanto antes, pero pasa por el polideportivo.
    A Mercedes, su hijo la espera.
  • Quiere acostarse, se cae de sueño…
    Termina la cena porque ella está al llegar.
    Eduardo, a su esposa espera.
  • Es domingo, quiere descansar, hacer nada…
    Se viste y conduce 50 km, ha quedado para comer.
    A Juan, su padre lo espera.
  • Un paso atrás, dos pasos adelante…
    Lucha, cada día con ilusión, quiere volver.
    A Carolina, que lo sepa, su familia entera,
    con los brazos abiertos, la espera.
  • ¡Te esperamos, Carolina!
  • ¿Y tú, amigo, amiga? ¿A quién esperas tú?
  • ¡Por una vida apasionante!
     vive, disfruta, comparte

Elijo seguirte

  • – Juan, oye, que te he incluido en un grupo de difusión; recibirás uno o dos mensajes a la semana. 
  • – Vale, vale. Pero de Dios no, ¡eh! ¡No me hables de Jesucristo, por favor!
  • ¿Qué hacer, entonces, si en cada poro de mi piel siento que todo se lo debo a él?
  • Solo puedo anunciarlo. Yo solo puedo alabarlo, seguirlo y, en mi pequeñez, imitarlo. Suceda lo que suceda, ¡darte gracias y adorarte, Cristo Jesús!
  • ¡Por una vida apasionante!
     vive, disfruta, comparte

Girar y girar

  • Le gustaba bailar el yoyó, así que lo lanzó una vez más.
    Desde arriba, observó cómo los discos giraban y giraban,
    a pesar de que el yoyó no se desplazaba.
    Bajó su muñeca y los discos rozaron el suelo desigual.
    Entonces, el yoyó ascendió enrollando la cuerda en su movimiento vertical.
  • Lo despertó el roce de los discos en el suelo.
    Continuaba tumbado en la cama, boca arriba.
    Arriba, el ventilador giraba y giraba;
    sus aspas dibujaban un círculo difuso, en aparente inmovilidad.
  • Concentró su mirada en el eje, que sobresalía
    como el rabillo de la peonza visto desde lo alto.
    Quieta, horadaba la tierra; su panza tocó la pared del hueco excavado.
    Salió despedida la peonza, con movimiento irregular.
  • Yoyó, ventilador, peonza… mismamente, yo.
  • ¡Por una vida apasionante!
     vive, disfruta, comparte

Autoconfianza incondicional

  • La autoconfianza es la creencia en las capacidades propias. Es la certeza de que podremos abordar y superar lo que se nos presente. Para muchos, la autoconfianza se basa en las evidencias del pasado: en la destreza demostrada, en las dificultades superadas, en los logros alcanzados.
  • ¡Demasiado evidente! ¡Demasiado exclusivo! ¡Demasiado limitante!
  • ¿Eres capaz de encontrar destellos de autoconfianza entre aparentes fracasos? ¡Bastaría solo un caso! ¿Qué tal Thomas Alva Edison? ¿O Steve Jobs?
  • La autoconfianza, como la autoestima, puede ser incondicional y mirar solo al futuro. ¿Lo es la tuya? ¿Hacia dónde mira?
  • La autoconfianza es una emoción que surge de lo más profundo de nuestro ser. Surge del convencimiento de que tenemos los recursos necesarios y de que aflorarán en el momento preciso ante propósitos nobles, ante grandes desafíos, ante las mejores oportunidades.
  • Probablemente, los mejores recursos aflorarán cuando nuestro corazón se encienda con la pasión del anhelo de una vida mejor.
  • Entonces, tu deseo despertará al gigante que llevas dentro para hacer realidad tu sueño. Creerás, te comprometerás, lucharás, sonreirás, disfrutarás, compartirás.
  • Preparado, listo, ¡ya!
  • ¡Por una vida apasionante!
     vive, disfruta, comparte

Fotografía por gentileza de Taivas Bulud