Puntual a la cita

Llegó justo a la hora. Sofocado, sin chaqueta ni corbata.
Entró en la habitación, miró al techo, y se sentó.
Ella, medio recostada en el brazo del sillón,
expectante, lo siguió con la mirada.  
Piernas cruzadas, pantalón azul marino.
Este hombre –pensó– se da un aire a mi vecino.

Inclinado hacia delante, con su habitual prisa,
sin preámbulo, desdibujada su sonrisa,
reanudó su monólogo por donde lo dejó el día anterior.
Renegando de su suerte, cada vez peor, y de su situación,
suspiraba por encontrar una tabla de salvación.
Silencio. Su voz entrecortada se apagó.

«¿Qué hay de bueno?» –preguntó ella, con voz serena,
sin inmutarse, como habiendo estado ajena–.
«¡¿De bueno?!» –repitió él, sin entender–.
«¿Qué toca hoy: Freud, Frankl, Palo Alto, tal vez?»

Sostuvieron las miradas, callados por un instante.
Ablandada por tanto  tormento y amargura, 
terminó mudando su semblante.
Al fin, asomó un atisbo de ternura.
Arqueó sus cejas y lo invitó a responder:
«Sí, ¿qué de bueno puede haber?»

¡Por una vida apasionante! 
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Por el mismo autor: www.15habitos.com