Pasen y vean

         
          Coincidieron en el descansillo, esperando el ascensor. Le dice ella a él: “Estoy pasando un momento raro”. Y se calla ella. Comienza a pensar él. Aunque pudo ser al revés. Quizá fue al revés. Al salir del ascensor, arriba el descansillo.
          ¿Y quién no? ¿Quién no pasa momentos? ¿O son los momentos los que le pasan a uno? En realidad, pasamos todos. Unos antes y otros después. Unos ya pasaron y otros pasarán. Los momentos. Los momentos también. Pasan unos sobre otros. Lo raro sería que no pasaran.
          Entonces, ¿qué hay de raro? El perro verde. Y los ratones colorados. Ah, no; esos no son raros, son listos, que no se dejan ver. La mujer barbuda, tal vez. No, rectifico. Rara no es. Ella es la víctima. Como todos los demás. Todos en el mismo circo. 
          Raramente el raro soy yo. ¿Quién en un atisbo de rareza, quién en un momento –de esos que pasan, digamos, de lucidez–, quién podría enrarecerse hasta el punto –y la raya– de autodenominarse raro?
          Que pasen, sí. Por sí mismos o por mandato, que, para el caso, da igual.

¡Por una vida apasionante! 
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Por el mismo autor: www.15habitos.com